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Recuerdo de niña, que el 28 de octubre al amanecer mi mamá nos anunciaba: -hoy es día de San Simón y Judas; tienen que portarse bien y acostarse temprano porque a las 12 de la noche, el Diablo andará suelto arrastrando las cadenas por las calles buscando a quien llevarse. Dicen que durante todo el año el Diablo pasa encadenado en el infierno y esta noche se suelta; se convierte en hombre, se viste de negro y montado en su caballo negro se pasea por las calles arrastrando las cadenas. Mañana estará otra vez encadenado hasta el año entrante.-
Los güilas pasábamos todo el día asustados hablando del Diablo y de su paseo por la noche, pensando a quién se llevaría.
Por la tardecita no había juegos en la calle ni en los patios. A las siete de la noche muy ansiosos, tomábamos el tiste o el fresco de avena, acompañado de una empanadilla de queso o de conserva de las Noguera, o una galleta redonda y tostada de donde doña Anita Baldioceda. Luego, a orinar, a sacudirse los pies y a acostarse; bien prensado el toldo para que no se metieran lo zancudos ni el Diablo. Y pidiéndole al Ángel de la Guardia que “el malo” no pasara frente a nuestra casa. Pasaron los años… crecimos y nos olvidamos de la noche del 28 de octubre. Ya adulta, un día tuve la bonita oportunidad de encontrarme con don Chito Zúñiga, hermano de doña Anita, cuñado de don Juanito Muñoz; padre de Zeneida, María, Fidencio, Antenor, Flor Emilia. Don Chito era alto, grueso, moreno, de pelo lacio y canoso que se peinaba para atrás, Hermoso el señor. Después de saludarnos, entablamos una agradable conversación trayendo recuerdos de la época de los abuelos. En un momento, le pregunté por el cuento del Diablo la noche del 28 de octubre día de San Simón y Judas, según el santoral. Don Chito, riéndose con sabrosa carcajada me dijo: -ay, niña. Te voy a contar esa historia antigua que tanto los asustaba.- Don Balta (Baltazar) Baldioceda, dueño de la hacienda El Asientillo, la noche del 28 de octubre, comúnmente lluviosa y oscura, él hacía su broma. El escogido y fiel colaboradores se llamaba Agapito; era negrito, cholito guanacasteco y peón de la hacienda. Para esa noche del 28 de octubre, día de San Simón y Judas, alistaba el caballo negro, la capa negra, el sombrero y las cadenas. Cuando sonaban las 12 de la noche, salía Agapito montado en su caballo a recorrer las calles de Liberia, arrastrando las gruesas cadenas. El ruido de los cascos del caballo al galope, del arrastre de las cadenas y el aullido de los perros, aterrorizaban al pueblo que muy convencido aseguraba que era el Diablo el que andaba suelto dueño de las calles. ¡Como gozaba don Balta al día siguiente! Con esta travesura, don Balta y Agapito, contribuyeron a mantener viva esa tradición de susto y miedo con la presencia de la figura del Diablo o el Malo, la noche del 28 de octubre, respondiendo a la antigua confusión que la gente tenía entre los apóstoles: Judas Iscariote y Judas Tadeo. Este cuento es muy nuestro; varias generaciones de guanacastecos lo vivieron a su manera y todavía permanece en la memoria de algunos pueblos. Acompáñeme en vela esta noche del 28 de octubre para ver si el Diablo pasa por nuestra calle arrastrando sus cadenas. Tal vez podamos decirle adiós… Mélida Obando Viales Asociación para la Cultura de Liberia |